... no hay nada mejor que volver de vacaciones y ponerse a trabajar... qué alegría , qué alboroto, another little pilot dog. (referencia
aquí), pero es lo que nos queda después de estos ociosos días...
Bastaría decir que el viaje se me hizo más largo de lo habitual, pues el vuelo salió con un retraso de 2 horas aproximadamente. Para un viaje que no dura esa espera. lo que tiene este aeropuerto de Madrid, según nos dijeron, por dificultades atmosféricas en El Prat. Y digo yo, ¿qué tendría que ver una cosa con la otra?. Creo recordar que estábamos en Barajas y algún vuelo salió en la hora establecida, hacia el mismo destino que nosotros, aún no lo comprendo.
Acercarse al hotel fue fácil. Simplemente sabes que te debes mover en tren hasta Sants y luego buscar tu hotel. Hasta Sants te guían como a ovejas desde el aeropuerto. Te dan hasta un billete para meterte en el tren. Te subes y te queda la duda de ir en la dirección correcta. Te cercioras y sonríes con el resto del pasaje al ver que vas hacia donde debes.
Recorrer Montjuic parecía algo especial, todo bien colocadito, pero nos metimos en la Fundación Miró y nos tiramos una mañana enterita olisqueando entre las exposiciones permanente de
Miró, la del Espai 13 de
Chiho Aoshima y la exposición temporal,
Arte contemporáneo chino de la Colección Sigg. Las tres exposiciones increíbles, aumentando conocimientos sobre Miró, puesto que ya lo teníamos algo labrado de las distintas exposiciones del Reina Sofía en Madrid. sobre las del arte contemporáneo chino, muy impactante y bastante claro el mensaje que quiere enviar, iconos occidentales, Mao en la fila de la navaja y mucha hipocresía. La exposición del Espai, dedicada a una japonesa obsesionada con las calaveras y las chicas atadas a árboles, la muy nipona lo plasma bastante bien. Comimos en un restaurante muy cercano, no recuerdo bien el nombre, algo del gato... no me acuerdo ya...
Conocer Barna de noche era algo que tenía ganas de hacer. Nos dejamos llevar por la muchedumbre y acabamos en las Ramblas, recordé el pub que me habían recomendado, el que está al lado del Museo de cera.
El bosc de las Fades, precioso lugar sin duda y muy recomendable, pero como llegamos un pelín tarde, estaba un poco saturado. Nos limitamos a dar vueltas por el bar acompañando a la cerveza que portábamos. Al salir, nos dirigimos hacia el ansiado mar. Es esa sensación que te atrae, saber que está ahí y no acercarte se podría considerar un auténtico sacrilegio. Además, nuestro amigo Columbus nos indicaba dónde estaba. Refrescaba ya de lo lindo y teníamos que prepararnos para el día siguiente.
Encontrar por las calles a tanta gente en bicicleta da mucha envidia. Que una ciudad esté preparada para tal reto, da la idea de cosmopolita que me esperaba de Barna. Al principio me pareció ver extraño montar a alguien con bici en el metro, puesto que en Madrid no está ni permitido Pero leyendo cartelitos parece ser que se pueden meter bicis en los vagones, pero sólo una por vagón.... parece una chorrada pero este es uno de los puntos que más me ha impresionado de Barcelona. Me encantaría poder hacer lo mismo por Madrid, poder saber que tengo un carril por el cual podría recorrer la ciudad entera.(
+info)
La verdad es que Barcelona, me pareció pequeña en comparación con Madrid. Anduvimos todo lo que nos dejaron los pies, las distancias no parecían tan lejanas. Claro está que aprovechamos nuestro billete turista T-3 y lo exprimimos al máximo, pero andando es como te mezclas con cualquier

gran urbe. Paseando por las Ramblas ves como los puestos de pájaros se transforman en pequeñas granjas, desde hurones, pollos, canarios, faisanes, gallos, gallinas, pavos.... flipaito me quedé del ambiente tan de pueblo en este paseo. Supongo que a mucha gente de Barna esto le disgustará, pero a mi me eleva aún más la grandeza de una ciudad. Los mimos, de todos tipos y colores, te guiñan el ojo buscando la implicación, riadas de gentes, jóvenes cargados con el botellón respectivo camino al puerto, y guiris, muchos guiris, yo entre ellos claro está. El mercado de la Boquería, con su fruta pelada y envasada (recomendación cumplida), cientos de personas en la mañana de sábado, haciendo las pertinenetes compras. Las calles traseras del gran Teatro Liceo, que conjugan la mezclanza de gentes, recuerdos de
Lavapiés, impresión de calles oscuras y hasta peligrosas.
Ostentosa y grandiosa, aunque a la vez arrinconada, nos pareció la primera imagen que tuvimos de la Sagrada Familia. Sales del metro, te giras, y ahí está. Grande, muy alta, llena de andamios y grúas, redes de seguridad... bueno, luego te sientas, la observas, meditas.. decides rodearla, nos parece menos arrinconada, pero lo que está claro es que se notan demasiado las reformas... no sé... quizás debieran utilizar la misma roca para la reconstrucción y así daría menos el cante. Sin desmerecer al edificio, ni mucho menos, un buen catálogo de andamiajes. Al igual que ocurría en la Catedral, andamiada hasta la saciedad. Una visita a la terraza para ver la ciudad desde los cielos, aguantar el airazo y para abajo en un ascensor que inspiraba de todo menos confianza. La plaza hasta arriba de gente descansando en los escalones, músico amenizando, con canciones de Silvio Rodríguez...
Nada como ir a la Pedrera para regocijarte en las curvas insinuantes y colores del trencadis Gaudiniano. Precioso edificio, reformado, reconstruido y gestionado por la Caixa de Cataluña. La casa Milá es sin duda un placer para la vista y para los sentidos. saber que Gaudí moldeaba arcilla, y luego aplicar esa forma para hacer un simple tirador de una puerta me deja alucinado. La amplitud de la vivienda visitada, con esas puertas que dejan pasar la luz a toda la estancia, todo muy suave, muy fácil. La exposición, donde descubrimos como hacía y plasmaba las ideas.

Cómo observaba la naturaleza y aplicaba sus principios... increíble hombre. Y finalmente el encuentro con los guerreros de la terraza, simplemente espectacular. La visita a la casa Batlló suplementa como nada la visión del Gaudí creativo, colorido.Los patios de la Pedrera toman aún más importancia. Preciosa terraza de la casa Batlló, que no deja escapar a nadie la mirada obligada. El interior, expresión del modernismo, azula y blanco, azul y blanco. Y todo el Paseo de Gracia divisado desde los antifaces de sus balcones.
Además de estos y otros edificios, como mi visita obligada al Camp Nou, en parte decepcionante

(vestuarios y camino al campo, algo cutre para algo mas que un club) , en otra emocionante (desde el césped es impresionante). Paseos por la Barceloneta, en busca de algún manatial de la cerveza que nunca fue hallado y otros lares. La Basílica de Santa María del Pi, el Parc de la Ciudadella con su Mamut, el arco del triunfo, sus museos, patos y olores a zoológico, el museo Picasso (después de soportar una cola de una hora), la preciosa Basílica de la Merced y la colorida y graciosa Sant Pau del Camp, me quedo con el parque Güell.

Me dejó completamente alucinado. La idea de recogida de aguas, las viviendas integradas, el teatro, la balaustrada en trencadis preciosa, la escalinata principal con su lagarto-dragón, las casas de conserje ( por dios quién pudiese haberlo sido) y administración (idem) ... pero la idea del mercado en la sala hipóstila me ha dejado huella. Preciosa idea a la vida en comunidad, integrada, aunque en un recinto cerrado, en la naturaleza, con esos jardines... en fin, Gaudí me ha conquistado, Miró me ha reforzado, Picasso me ha dislocado y a Tapies le he ignorado.
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(pinchad en las fotos para ver en detalle)p.d._ perdimos el vuelo de vuelta y pasamos la noche en el aeropuerto,
aunque de eso prefiero no hablar, juas!!
NUNCA MAIS